viernes 6 de noviembre de 2009

PARA NO PENSAR

El cementerio, de madrugada, se me antoja un espacio acogedor y amable. Me cuelo por un hueco que localicé hace tiempo entre los barrotes oxidados de la parte trasera de la valla. Una vez en su interior me empapo del aroma que allí se respira a velas recién apagadas, a incienso humeante; perfume dulzón de flores secas. Camino despacio entre las tumbas y evito pisar alguna lápida para no importunar a quienes debajo descansan y hoy no desean compartir conmigo este plácido paseo. El ulular de los búhos me envuelve, ocultos entre ramas de árboles inmensos que crujen con suavidad dándome la bienvenida. Al final, me detengo en la explanada, frente al gran panteón del centro, extiendo anhelante los brazos y cierro los ojos para permitir que la brisa fresca acaricie, mimosa, la fina piel de mis párpados. Dejo que manos suaves e invisibles resbalen por mi rostro y se enreden en mi pelo. Permito que sombras bailarinas rodeen mi cintura y me hagan girar y girar en una danza hermosa, lánguida y eterna. El bajo de mi camisón de lino acaricia la hojarasca, que cosquillea mis pies con una melodía quebradiza e hipnótica. Y la luna; la luna baña mi piel, roza mis labios entreabiertos e inyecta vida en ese lugar profundo de mí misma que durante el día permanece aletargado, insensible, siempre a oscuras… Cuando empieza a despertar el alba emprendo el camino de vuelta. No siento pesar, sólo el ansia resignada de que el tiempo pase, corra, vuele y me regale, veloz, una madrugada nueva. Ya en casa, me deslizo sigilosa en nuestra cama, inmensa y fría, y trato de dejar mi mente en blanco para no pensar que aquí, a tu lado, es donde me siento tan sola, tan invisible y tan muerta.

jueves 29 de octubre de 2009

SÓLO PAULA Y MIGUEL

Se encontraron al atardecer en el parque, como cada martes, junto a la fuente del agua azulada. Ella, sobre prudentes tacones y ataviada con su mejor vestido, el de color marfil y finos encajes. Él, vestido como un caballero inglés, con su elegante traje oscuro de raya diplomática y su pañuelito blanco asomando indiscreto desde bolsillo de la chaqueta. Uno frente al otro, se tomaron con timidez de las manos. Él la contempló extasiado: su niña, su amor, su princesa recién salida de un cuento escrito sólo para él. Paula bajó la mirada, abrumada por el deseo que vio brillar en los ojos de Miguel. Percibió en el interior de su estómago el rápido aleteo de un ejército de mariposas rosadas, y sonrió: aún era capaz de sentir.

Cogidos del brazo, en silencio, caminaron sin prisa hacia la calle Mayor, recorriéndola bajo los mismos soportales que tantos paseos habían cobijado durante aquella juventud lejana y que, aquel día eran testigos, una vez más, de sus andares, ya lentos y renqueantes, pero más decididos que entonces y por fin, libres. Al llegar al número diez, Miguel se detuvo. Empujó el gastado portón de madera y guió a Paula hacia el interior del patio. Un húmedo aroma de geranios recién regados les envolvió en una bienvenida dulce y familiar. Amarrados por la cintura, subieron a la primera planta. Miguel había decorado el cuarto con decenas de velas encendidas, dispersas aquí y allá. Sobre la cama, tulipanes amarillos, los preferidos de ella, daban forma a un corazón perfecto. No supieron qué decirse, así que prefirieron no hablar. Sus cuerpos se fundieron en un abrazo infinito y, sin saber cómo, sus ropas, desintegradas de amor, terminaron por caer al suelo.

Dejaron de ser dos furtivos y se transformaron, por fin, en Paula y Miguel; sólo dos cuerpos temblorosos derramados sobre el lecho, entrelazados en aquella segunda oportunidad, cuarenta años después.

domingo 25 de octubre de 2009

ERES UN SOLETE, TAG

Hoy he recibido una sorpresa muy agradable: Tere, del blog http://castelldefoc-tag.blogspot.com/ me ha otorgado el premio Blog de Oro, que por supuesto acepto "más feliz que un regalíz".


La verdad es que me he dado cuenta que crear un blog es una decisión que te reporta muchísimas alegrías, pero la mejor de todas, es tener la posibilidad de conocer, incluso aunque sólo sea a través de este mundo virtual, a personas encantadoras, como tú, Tere, y compartir con ellas tus pensamientos, tus inquietudes y tus momentos felices.


Otra vez gracias.


Un besote.

viernes 23 de octubre de 2009

METAMORFOSIS

Mis huesos se contraen primero, para luego estirarse hasta el límite. Se retuercen y se arquean hasta que la piel está a punto de reventar en cada articulación de mi cuerpo, lacerado y rendido. El mordisco salvaje de un dolor descomunal parece atrapar mis entrañas. Desgarra mi cerebro e inyecta mis ojos en sangre, una sangre espesa, viscosa y turbia, que encharca mis párpados hinchados y nubla mis dilatadas pupilas. Echado en posición fetal sobre la hojarasca y el barro, mis dedos se arquean con un espantoso crujir, como el de madera reseca. Siento que una fuerza extraordinaria succiona cada uña de mis dedos, hasta desenvainarlas casi por completo y convertirlas en ganzúas, largas, curvas, y tan repugnantes… El olor fétido de mi propio aliento envuelve mis encías contraídas y sangrantes. De pronto, sin previo aviso, el daño cesa, el sufrimiento por fin se apaga y mis músculos se relajan, vencidos, agotados y sumisos. Encogido aún me arrastro hasta que consigo culminar la cima del peñasco más grande, en lo alto del acantilado. Después, sólo cierro los ojos, me dejo empapar por la reconfortante brisa helada y, con una fuerza inusitada y nueva, escapa de mi garganta un aullido, que saluda ferviente a la luna, brillante, formidable y, esta noche, inmensa y llena.

viernes 16 de octubre de 2009

CUALQUIER COSA

“Fresca, brillante,antihistamínica…”. Así tratabas de colocarme aquella pócima viscosa, encerrada en pequeños botellines de cristal anaranjado. Llevabas puesto tu mejor traje y también tu mejor sonrisa; aquélla de embaucador experto, envuelta en el aroma dulzón de tu perfume de siempre. Ascendía por mi nariz, contoneándose, hasta alcanzar mi pituitaria, estimular las ramificaciones de mis nervios adormecidos y nublarme del todo la vista.

—Me quedo con doce cajas —dije con cara de boba.

Y es que, botellas de elixires mágicos, tarros de pomadas singulares o frascos de portentosos ungüentos, sabías bien que, a esas alturas, yo, tonta de mí, te compraría cualquier cosa.

miércoles 14 de octubre de 2009

NO HAY FORMA

No hay forma de librarse de ella. Aferrada a mí desde hace meses, martillea mis oídos con palabras agoreras. Si me acerco a un escaparate, la escucho: "No puedes. No debes. No es el momento, ¿recuerdas?", y me obliga a continuar andando, cabizbaja y con cargo de conciencia por plantearme siquiera la idea de un simple capricho. Los viernes cuando voy al súper es ella quién guía mis pasos. Me aleja de mis marcas favoritas, me obligar a mirar a otro lado en el pasillo de los dulces y llena el carro de envases ahorro, enormes, y de productos en oferta. Y los fines de semana, ¿qué? Se vuelve aún más insoportable, cargante, fastidiosa, maldita aguafiestas... "¿Cine?" -dice- "Uufff… con el precio al que están las entradas…". "¿Tomar algo con las amigas? Tú verás, pero con lo que cuesta una copa… Anda, mejor quédate en casa y miras un rato la tele". Sin embargo, lo peor viene en el trabajo. Cada vez que pienso en salir para despejarme un rato, ahí está, siempre ella: "¿Otroooo? Demasiados descansos haces, creo yo; no están las cosas para arriesgarse a perder el empleo, ¿no crees?". Después, se queda de pie, junto al borde de la mesa, sin quitarme ojo de encima y a la hora de marcharme, otra vez la misma cantinela: "¿Ah pero que ya te marchas…? Mujer… mejor quédate un rato más, ¿no? ; sólo un rato, que son la siete solamente y no te vendrá nada mal hacer méritos ante el jefe…".

Y así continúa, incansable, cada segundo del día, tiznando de negro el futuro, destrozando mi optimismo y agotando mi entereza. "¡Maldita seas!" -le grito desesperada cuando nos quedamos solas- "¿Es que no vas a dejarme nunca en paz?". Me mira, sonríe y hasta parece burlarse, la muy perra. Ella, esa condenada crisis de rostro guasón y mirada de eterna advertencia, que desde hace meses llevo colgada del ánimo, de la tarjeta de crédito y de mi paciencia, ya maltrecha.

lunes 12 de octubre de 2009

PERSECUCIÓN

Le persiguieron enloquecidas por calles, plazas y parques. Corrían tras él gritando, las bocas desencajadas, muy abiertas; los ojos fuera de las órbitas, las manos al frente, extendidas, en un desesperado intento por atraparle y quizás, engullirle. Casi tan veloces como él parecían no rendirse nunca, seguras de que era sólo cuestión de un poco más de tiempo. Y lo era. Doblaron una esquina y se adentraron en un callejón oscuro. Él resbaló y cayó de bruces sobre el adoquinado húmedo. Todo estaba ya perdido. Cuando le dieron alcance, se precipitaron sobre él. Le estrujaron y pisotearon. Le tiraron de los pelos. Le mordieron, golpearon y aplastaron su cabeza. Zarandearon su cuerpo. Chillaron dentro de sus oídos. Le obligaron a abrir los ojos. Cuando ya no se movía, una de ellas exclamó indignada:

- Pero, ¿qué es lo que le pasa?

Las demás, aún jadeantes, se separaron de él, le miraron con desprecio, desdeñosas, y antes de dar media vuelta, otra exclamó:

- Bah… Menuda decepción. Es mucho más simpático en la tele.